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Empresas de Silicon Valley y un Pacto Secreto

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Entre las Empresas de Silicon Valley  (Apple, Google, Intel, Lucas Film y Adobe) se estableció un pacto secreto, con el compromiso de no robarse trabajadores.

Existen muchas versiones de oligopolios. Pero probablemente la más común y frecuente es cuando un grupo de empresas acuerda manejar los precios de sus productos para licuar la competencia de otras compañías que se encuentran en el mismo rubro.

Está dirigido a los consumidores, que se ven obligados a pagar más, o menos, según la conveniencia de dicho grupo. De la meca de la creatividad y la innovación, Silicon Valley, no podía esperarse menos que inventar una nueva forma de oligopolio, dirigida esta vez no al mercado de productos, sino de empleados, lo que viene a convertir a éstos en similares aparatos a manipular.

Entre las Empresas de Silicon Valley  (Apple, Google, Intel, Lucas Film y Adobe) se estableció un pacto secreto, con el compromiso de no robarse trabajadores. El propósito principal era evitar una guerra de ofertas que elevara los salarios, pero dicho pacto fue descubierto a partir de una empleada de Google que cometió el error de contratar a un ingeniero de Apple. A consecuencia de este acto fue despedida.

La explicación del despido pudo encontrarse en un correo electrónico enviado por Steve Jobs en 2007 a Eric Schmidt -a la sazón presidente y director general de la empresa Google– que rezaba: “Te agradecería que tu departamento de contrataciones parara esto”. El correo electrónico terminó siendo la prueba de un delito que llegó al Departamento de Justicia norteamericano, el cual declaró que se trataba de una práctica ilegal, obligando a las empresas a indemnizar a 64.000 empleados.

Éstos iniciaron una demanda por sentirse perjudicados, con un costo que alcanzaría los 9000 millones de dólares. Puede entenderse mejor el ilícito apelando a un dicho popular: Lo barato sale caro.

Cabe preguntarse en qué tramo del camino se ha perdido la ética y la coherencia. La ética, en este caso, va de la mano del fallo judicial, que pone a la luz una cartelización que no tiene nada que envidiar a sus pares del narcotráfico.

La respetable presencia de organizaciones prestigiosas se derrumba a partir de estos manejos que, no por casualidad seguramente, careció de una repercusión proporcional en los medios. Sirva de alerta, no obstante, para no repetir el error.

El otro rastro perdido es la coherencia. El boom de las tecnologías informáticas ha puesto en los primeros lugares del ranking, muy especialmente, a los ingenieros de sistemas con experiencia, esto es, especialistas que están en condiciones de agregar valor a los productos que luego son colocados en el mercado a precios planetarios.

En otras palabras son los mejores de la computación a los que había que congelar, cerrarles posibilidades para que no se cotizaran demasiado, contradiciendo los principios más elementales del libre mercado.

Las personas-producto no pueden ofrecerse o buscar otras alternativas de mejora a partir del cerrojo impuesto por un pacto secreto. En el medio de todos estos manejos pululan los headhunters (cazadores de cabezas) que aúnan lo más sofisticado de las prácticas de selección de personal con la denominación más primitiva y salvaje que puede encontrarse para definir su oficio.

Las recomendaciones que éstos proponen es agregar una cláusula de contratación, de modo que el empleado, en caso de desvinculación, deba abstenerse de ingresar a una compañía de la competencia durante un lapso no menor de dos años.

El pecado de ingenuidad es, tal vez, el que será perdonado más fácilmente, por lo que puede decirse, pecando abiertamente, que estas cosas como las que se hicieron en Silicon Valley no deben suceder. En ningún lugar del mundo.
jorgemosqueira@gmail.com

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