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Pascal: busca en tu interior

A lo largo de la primera mitad de su vida, Blaise Pascal era conocido como un hombre alegre. Gustaba de hacer reír a la gente, siempre bromeando, hasta que un día no volverá a ser el mismo. A partir de entonces, cambiaría su vida para siempre

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A lo largo de la primera mitad de su vida, Blaise Pascal era conocido como un hombre alegre. Gustaba de hacer reír a la gente, siempre bromeando, con su afición por los juegos de palabras. Además de simpático, Pascal fue un niño prodigio que ya a los doce años dominaba la geometría euclidiana y se preparaba para pasar a la historia como uno de los grandes científicos de todos los tiempos.

Realizó estudios de acústica, demostró la existencia del espacio vacío, elaboró la teoría de los vasos comunicantes, inventó la prensa hidráulica… No conformándose con eso y para ayudar a su padre, recaudador de impuestos, fabricó también la primera calculadora. Y todo ello lo hizo… ¡antes de los treinta años! Como nosotros, Pascal transitaba por la vida enloquecidamente ocupado.

Pero un día, le llegó el momento de recibir el empujón que lo cambiaría todo…

Estamos en París, mes de octubre de 1654. El libertino Pascal viaja con unos amigos en un carruaje a través de las calles de la capital francesa. Por alguna razón que desconocemos los caballos del tiro se encabritan, dejan de obedecer al cochero y, desbocados, se arrojan al Sena desde el puente de Neuilly.

El coche está a punto de seguir el mismo camino pero, por suerte para sus ocupantes, en el último instante se rompen las bridas y el carromato queda colgando del puente sin caer al río.

Pascal sale ileso del accidente, pero por un momento ha visto la muerte muy de cerca, cara a cara. La impresión es demasiado fuerte para su espíritu: se desmaya y pierde la conciencia.

Pascal  volverá a ser el mismo. A partir de entonces, cambiará la ciencia por la filosofía y la investigación del mundo exterior por la de sí mismo, de su mundo interior. Fruto de estas reflexiones nacerán una serie de apuntes que, a pesar de inacabados por la prematura muerte del autor, componen una de esas obras imprescindibles de la historia de la filosofía que todos deberíamos leer, sus célebres Pensamientos.

En uno de ellos, Blaise Pascal nos propone el siguiente juego: imaginemos que fuésemos trasladados por la fuerza a una gran isla convertida en un gigantesco campo de concentración de la que no pudiésemos escapar, y que en ella nos obligasen a trabajar duramente de sol a sol.

A primera vista, sin duda la situación parece penosa e insoportable. Pero todavía empeorará. Así, cada día los terribles carceleros eligen a uno de los cautivos y, en presencia del resto, lo ejecutan de forma dolorosa y cruel.

Los demás comprenden que están también condenados y sólo esperan su hora. «¡Increíble!», pensaremos. No es posible tanta maldad. ¿Cómo pueden soportar su condición los prisioneros sin rebelarse?

Es al llegar a este punto cuando el bueno de Pascal sonríe pícaro: nos ha llevado adonde quería pues, al fin y al cabo, ¿no es esta una descripción de nuestro mundo? ¿Podemos huir de él? ¿Acaso no trabajamos de sol a sol? ¿No nos sabemos condenados a morir? Y mientras tanto, ¿no hemos de soportar la muerte, muchas veces dolorosa, de aquellos que nos rodean?

La moraleja del relato de Pascal es clara: si nos dejamos llevar por nuestro imparable frenesí cotidiano sin pensar demasiado y sin concienciarnos de nuestra situación, nuestro mundo se convierte en la más cruel y terrible de todas las cárceles que podamos imaginar.

Desde su experiencia personal, desde su propia biografía vivida hasta entonces a un ritmo tan o más frenético que el nuestro, Pascal describe bien cuál es la vía de escape más común a la que recurrimos para evitar reflexionar y caer en la desesperación: ocuparnos, hacer algo siempre y a todas horas, llegar reventados a la cama…

Autor: Antonio Formés
Libro: Reiníciate, Si ellos cambiaron su vida, tu también puedes

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